Santiago.-Lo que comenzó como un oficio aprendido por su madre, medio siglo después ha servido como sustento para levantar a sus familias y poder vivir con dignidad.
La historia de las hermanas Adelaida del Carmen Betances y Luisa MarÃa Ramos Betances se remonta a cuando apenas tenÃan siete y seis años de edad, y junto a su progenitora comenzaron a instalar puestos de ventas de frutas en la calle 30 de Marzo.
Las hermanas Betances, nativas de la comunidad Matanza al sur de Santiago cumplieron recientemente 55 y 50 años de labor ininterrumpida como vendedoras con puestos improvisados.
De los 61 años de edad que tienen Adelaida del Carmen Betances, 55 han sido trabajando. Luisa MarÃa tiene 57 de edad y desde los siete se instaló al lado de su hermana.
“Yo recuerdo que mi madre Rafaela Betances nos traÃa en burro hasta acá en la calle 30 de Marzo. Desde los años sesenta y nos movÃamos desde los bomberos hasta el cementerio y asà nos hemos pasado ya medio siglo trabajando de forma ininterrumpida vendiendo frutas”, expresa Adelaida del Carmen Betances.
Narra que su madre la llevó a trabajar con apenas siete años de edad. “Con este trabajo mantuve mi familia e hice mi casa, ahora solo me alcanza para mantenerme”, lamenta Adelaida.
Ana Luisa MarÃa Ramos Betances dice que se tuvo que integrar un poco más tarde al trabajo que servÃa como sustento familiar, debido a que le tocó la tarea de cuidar a sus 20 hermanos.
“Yo llevo menos tiempo que mi hermana Adelaida porque me quedaba en casa cuidando mis 20 hermanos y luego le la tarde le llevaba la comida a ellas”, indica Ana Luisa MarÃa Ramos Betances.
Margarita de Jesús Betances de 39 años, es la más joven de la familia.
Hace cinco años decidió instalarse también el calle 30 de Marzo, cercano al puesto de parada de vehÃculos que se desplazaban a la lÃnea Noroeste, Navarrete y Villa González, pero con un puesto de venta de artesanÃa y tarros.
Como vendedora de adornos en barro, mantiene sus seis hijos y ha construido su casa.
citysantiago.com

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