El ELN no tenía en sus planes que el presidente Gustavo Petro autorizara un ataque aéreo sobre uno de sus campamentos en Norte de Santander. Fueron 20 días de planeación y un seguimiento meticuloso por parte de las Fuerzas Militares y la Policía. SEMANA revela la historia desconocida del primer bombardeo contra los elenos en la actual administración.
El objetivo que se trazaron las autoridades fue claro: borrar del mapa o capturar a los integrantes del Ejército de Liberación Nacional que se escondían en lo alto de una montaña en el Catatumbo. Una investigación de dos semanas probó que eran los responsables de aterrorizar a los campesinos y coordinar acciones violentas para neutralizar a los hombres que estaban enfilados en el Frente 33 de las disidencias de las Farc.
El sector que resguardaba a los guerrilleros se llama Filo Paraco, localizado en la vereda Angalina, de Tibú. No era solo un punto de descanso de los criminales, también un sitio de encuentro para planear los crímenes más atroces en la región. Allí, se coordinaron secuestros, homicidios y extorsiones, de acuerdo con la información disponible en el expediente. Las autoridades lograron infiltrarlos y así registraron sus movimientos a plena luz del día.
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