Los británicos son tan exigentes con el servicio que deben recibir de sus funcionarios que cuando viajan al extranjero se dirigen a sus embajadas para pedir consejo sobre dónde comprar zapatos, qué cantidad de azúcar hay que poner a la mermelada o para quejarse del exceso de tamaño tras una operación de pechos.
Los británicos son tan exigentes con el servicio que deben recibir de sus funcionarios que cuando viajan al extranjero se dirigen a sus embajadas para pedir consejo sobre dónde comprar zapatos, qué cantidad de azúcar hay que poner a la mermelada o para quejarse del exceso de tamaño tras una operación de pechos.
'Nuestras embajadas no están para informar sobre la previsión del tiempo o para dar consejos sobre educación infantil. El personal consular está para ayudar a los británicos que tienen un problema real, desde las víctimas de un crimen y sus familias hasta quienes han sufrido un accidente o han perdido el pasaporte', dijo.
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