Comparativo. El tamaño del ojo no siempre es proporcional a la magnitud del huracán. |
Santo Domingo.- En septiembre de 1930, mientras el huracán San Zenón se encontraba en territorio dominicano -de acuerdo con las crónicas de la época- ocurrió un fenómeno particular. Los desconocimientos de la época motivaron que la población, al sentir una calma aparente, saliese de sus casas pensando que ya el ciclón había pasado.
Sin embargo, la acometida posterior sorprendió a la gran mayoría que se encontraba a la intemperie, y fue la principal causa de la cantidad de víctimas humanas que, casi ocho décadas después, todavía se recuerda como una de las tragedias huracanadas más grandes de esta media isla.
Con el ojo del huracán no se puede jugar. Wagner Lorenzo, meteorólogo de la Oficina Nacional de Meteorología, explica que el ojo es una “zona en calma” en la cual los vientos son débiles. En tal sentido, explica, por donde pasa, la gente podría pensar que ya el fenómeno ha pasado porque no hay lluvia en esa área.
En Wikipedia se agrega a esta definición que el ojo es la región central y más calmada de los ciclones tropicales fuertes, y es un círculo de entre cuarenta y sesenta y cinco kilómetros de diámetro, en él que la presión barométrica puede llegar a ser hasta un 15 por ciento inferior a la exterior. Está rodeado por la pared del ojo, la zona con las condiciones atmosféricas más severas.
Ubicado en el centro del huracán -de donde viene su nombre- el ojo, continúa el meteorólogo, se extiende desde el nivel del mar hasta la parte superior y está rodeado por una pared de nubes espesas cargadas de lluvia.
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